Lo mejor que vi en 2015

Igualito que la semana pasada: no es que salieron este año, sino que dio la casualidad que las vi este año; solo que en esta lista están las que más me gustaron y por qué me gustaron tanto.

1. Going Clear: Scientology and the Prison of Belief (2015)

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Y lo mejor que vi fue un documental. Más allá de que mi debilidad sea el tema religioso, es un documental profundo y osado que busca acabar, entre otras cosas, con esa idea de que las creencias de la gente son sagradas e intocables.

Los documentales se sienten incluso mejores cuando sabes que han tenido consecuencias, que gracias al trabajo de los realizadores mucha gente se liberó de esta peligrosa ideología y volvió a sus familias y amigos con una historia bien interesante que contar, como las que captaron en el documental.

A estas alturas, dudo que alguien no sepa lo que es la cienciología; pero luego de una breve revisión de Wikipedia y una vista por este interesantísimo documental, será suficiente para que se formen una idea del paquete en el que se está metiendo esta gente.

2. Whiplash (2014)

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Creo que el arte es bueno cuando produce una emoción. transmitir no sea quizá lo correcto ya que lo que uno ve no es lo mismo que el artista quiso que viéramos, pero basta que la produzca, autónomamente, para que no la desdeñen como arte.

Esta produce emociones por todas partes. Así sean el estrés permanente, la desilusión, la humillación, la impotencia, la obsesión.

Con la actuación maravillosa de ambos protagonistas, totalmente dedicados a los personajes que estaban ejecutando. Durante toda la película se siente la convicción con la que trabajaron, se siente que consideraban que lo que estaban haciendo era algo importante que requería los esfuerzos emocionales por los que pasaron.

Y aunque produce y no propiamente transmite emociones, cualquier persona que haya estado en una orquesta, sobre todo en un conservatorio, dirá que no es una representación demasiado ficticia: esas presiones existen y son vividas por gente que ama a su arte y está dispuesta a pasar por tales vejaciones para llegar a la perfección.

3. Boyhood (2014)

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De Boyhood ya he escrito antes, por la profunda impresión que me causó junto al resto de la obra de Richard Linklater. Poco tengo que agregar, salvo que el Oscar se la debió haber llevado esta y no Birdman. Pero está bien, no me quejo.

4. Kreuzweg (2014)

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Una joyita alemana.

De nuevo me ganó mi debilidad por el tema religioso. Esta vez por una que sirve tanto de crítica al extremismo, como un monumento a la devoción pura.

Tal como un viacrucis, Kreuzweg tiene 14 escenas, todas relacionadas con una niña que se cree santa, y que va pasando por cada estación sufriendo las mismas tentaciones que su dios.

Un poquito de spoiler, igual que en un viacrucis, la protagonista muere teniendo en todo momento la posibilidad de salvarse. Pero decide no hacerlo. Es ahí que se torna un manifiesta a la libre elección de quien quiere creer en lo que quiere creer: decidió morirse por su religión, y no hay nada que podamos hacer.

La película, aunque con escenas muy largas, no es para nada lenta. Basta con identificarse en algo de María: su inocencia, su pasión, la sumisión a su madre, para poder sumergirse en la historia.

5. Woman in Gold (2015)

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Esta tal vez a muchos les parezca como una típica historia-de-la-vida-real post-nazismo, pero para un abogado es un big deal.

Y tal vez para cualquier abogado tenga los elementos de cualquier courtroom-drama, e incluso más diluidos que en películas más representativas como Judgment at Nuremberg, pero para alguien que estudia el Derecho internacional privado es un huge deal.

El Derecho internacional privado es como el cuento de hadas de la carrera: la posibilidad de que tus leyes las aplique un juez europeo, o que un juez venezolano -como sabemos que son- agarre el Código Civil alemán y aplique alguna norma, es como una fantasía que pocos abogados se creen. Verla, en cambio, en la vida real, como fue el caso Altman, con una magnitud tan vasta, y verla luego en una película con Helen Mirren y con Ryan Reynolds saliendo de todas sus casillas interpretativas, es un verdadero gusto y un alivio para quienes creemos en este cuento de hadas.

Aún así, muchos abogados verán la película y no se darán cuenta de que vieron un Derecho internacional privado en acción.

6. Nymphomaniac (2013)

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Y me refiero a ambas, que, como Kill Bill, son la misma película forzada a picarse a la mitad por la sola sanidad mental del observador.

No es provocativa, pornográfica, explícita: es bella. Cada sección de la historia es una imagen poética. El ritmo es rudo, las actuaciones tan leves como debe ser el concepto que cada una representa.

Todo medido, todo en su santo lugar; como se ve en todas sus películas.

Para ver con la familia.

7. Particle Fever

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Otro documental. Esta vez no religioso, aunque conectado.

Es la historia del Gran Colisionador de Hadrones de Europa. Pero, más que eso, es la historia del descubrimiento del bosón de Higgs y de la exploración sobre el origen del universo.

La pasión del equipo se siente en cada entrevista, lo emocionante del descubrimiento y de lo importante de su trabajo. Una justificación clara como el agua de la inversión en este monstruoso aparato y laboratorio científico.

Es una muestra de lo hermoso que es conocer al universo, y de que se puede hacerlo. Además, es una increíble demostración de la cooperación entre personas que hace 50 años querían solamente matarse entre ellos.

8. Kung Fury (2015)

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Un cortometraje absolutamente irracional que lleva al límite la idea de absurdo.

No paré de reír desde el principio hasta el final.

Un policía que viaja en el tiempo tiene que derrotar a un Hitler ninja, y usa a dinosaurios, valkirias y hasta al dios Thor para hacerlo. Es así de estúpido, y así de bueno.

La mezcla ilógica responde a las colaboraciones del crowdfunding y de la simple proposición de “man, vamos a divertirnos”.

No por lo absurdo deja de ser bien medido, todo cuidadosamente planeado y realizado. La calidad de la dirección produce la total inmersión en el género.

Menciones especiales

Debo hablar de The Walk (2015), no por las actuaciones propiamente ni por el guion ni por la historia, sino por la dirección. De nuevo: una obra que produce una emoción. Y qué difícil crear la sensación del vértigo, y de la más absoluta realización. No debe dejar de verse.

Finalmente, una película de terror que me dio miedo: The Babadook (2014). Si bien es una alegoría extraordinaria del duelo y de la pérdida de un ser querido, (para cuyo entendimiento no hay que ser una luminaria: es bastante evidente) el manejo del terror es muy impresionante. No tanto en el momento de verlo, pero las secuelas que deja por su verosimilitud duraron, en mi caso, varios días.

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Un comentario en “Lo mejor que vi en 2015

  1. Pingback: Lo mejor que vi en 2016 | Kanenia

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