Lo mejor que leí en 2016

Con esto se acaban mis listas del año. Me gusta siempre terminarlas con la que me parece la más importante: los libros. He escogido tres que me han marcado el año, pero hubo muchos otros que, por suerte para mí, disfruté muchísimo.

1. El difunto Matías Pascal – Luigi Pirandello (1904)


La novela es tan buena, o mejor, que su premisa. Nunca me pude haber imaginado que pudiese reírme tanto con el existencialismo.

La historia es ligera, interesante, entretenida y divertida. Los personajes son claros y muy bien desarrollados, incluso los más breves son capaces de crear empatía. Es posible que la profundidad filosófica de la novela haya sido poco más que un accidente del autor, pero me llevo la sensación de que es alguien que disfruta del escepticismo hacia los sofistas exis de su momento, por lo que termina siendo una sátira a la intensidad de quien se toma su vida muy en serio, y esto se apoya con la crítica a los críticos que agrega Pirandello al final. De hecho, quisiera ser tan feliz como debió haberlo sido Luigi Pirandello cuando leyó la noticia de la resurrección de Ambrogio Casati.

Como lector uno no puede dejar de imaginarse en la situación de Matías Pascal. En mi caso, sentía que el miedo del protagonista lo limitaba a asumir la más absoluta de las libertades, pero es parte del personaje, y es decisión de su autor.

Lo he disfrutado una vida entera.

2. El idiota – Fyodor Dostoyevsky (1869)


Otra gran novela rusa, supongo que hay algo en el agua.

Me transmitió un simple, aunque triste, mensaje, cerca del vecindario del no good deed goes unpunished.

El príncipe Muishkin se ha convertido inmediatamente en mi personaje de ficción favorito. Tanto que lo veo el modelo de bondad y pureza de corazón, aunque no del pragmatismo y del sentido común.

3. Casas muertas – Miguel Otero Silva (1955)


Me convenzo de que Miguel Otero Silva ha sido el mejor escritor que hemos tenido en Venezuela, y que, aunque se le reconoce, todavía leemos a Rómulo Gallegos en bachillerato.

La historia es simple pero sumamente poderosa; los personajes son arquetipos del pueblo derruido, pero no sé si el autor usa un arquetipo que ya existía, o si fue capaz de crearlo y sostenerlo. En todo caso, lo maneja perfectamente.

Lo increíble es su vigencia. Parece haber sido escrito para esta época. Y lo terrorífico es que, si así fue con Gómez, y si así seguramente fue con Pérez Jiménez, así seguramente será con los que vienen. Y lo único sabio será seguir el camino de Carmen Rosa: a oriente.

Mención especial

Estuve a punto de darle 4 estrellas segundos antes de terminar Blue Label / Etiqueta azul de Eduardo Sánchez Rugeles (2013). Nada en concreto me hizo cambiar de opinión, pero la regla es que, si el libro me hizo llorar por cualquier razón, mi opinión final debe ser absoluta.

La historia es la dama y el vagabundo con un ligero abuso del efecto suicidio, pero llevado con tal calidad que el desenlace à la Cinema Paradiso se siente natural y poderosamente conmovedor.

Admiro la audacia de elegir la voz de Eugenia para narrar la historia. El riesgo era muy alto. No fue totalmente logrado; el solo hecho de que una criatura tan superficial y estereotípicamente cotufa sea capaz, al mismo tiempo, de ignorar la existencia de los Rolling Stones, pero de hablar en conceptos como inercia, esperpentos y kamikazes, derrota en parte la verosimilitud de la «oralidad femenina». Lo que me lleva a pensar que el objetivo principal no era la forma, aunque se justificaba el riesgo para la narración, y lo logrado fue suficiente como recurso del autor.

Lo difícil de la novela está justamente en ser totalmente venezolana. Más aún: totalmente caraqueña. Fuera de alguien ubicado en una zona y en una clase social muy precisas, cualquier lector necesitará varios llamados para seguir las referencias. Nada que destruya su valor, aun así.

En todo caso, el resto de la obra, sobre todo la primera parte del viaje -en particular hasta San Carlos- es una reflexión valiosísima del estado de nuestra cultura, y una manifestación de las razones culturales más que coyunturales del éxodo.

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