Extractos de mi diario de viaje a Suiza, No.1, 23 al 28 de diciembre de 2016

Ginebra, 23 Dic. 2016

Hay un aire militarizado. El arte y las decoraciones solo podría describirlas como elementales: no hay nada fuera de su sitio, ni nada que no debería estar. Pero no hay ni un maldito enchufe y ya no tengo batería. Tuve que sobrevivir todo el vuelo sin escuchar música.

Esta vez, Vueling no me dejó mal. Aunque quizá sí y no me di cuenta ya que dormí todo el trayecto. Al despertar, con el ruido ininteligible que luego descubrí que provenía del piloto tratando de hablar inglés, se nos pedía apagar todo porque, con una visibilidad de 600 metros, el hombre necesitaba hacer un aterrizaje de alta precisión. Me pareció que perdió una oportunidad rara para decir que el aterrizaje requería de precisión suiza.

La mujer de la casa de cambio quería que cambiase más dinero. Por muy bonitos que sean los francos, no me traje más; mal por ella. Y mal por mí: el maldito tren cuesta 28 francos, más de 25 euros, y es tan solo un viaje corto a Lausana.

Amo los trenes, pero este paisaje no es muy agradable. Espero que mejore al salir de Ginebra y pase cerca del lago. Espero que pase cerca del lago.

(…)

Gloria. Hay enchufes en el tren. Grim Fandango, ven a mí.

Ya salí de Ginebra. Hay algo americano en el paisaje, las decoraciones navideñas y la propia forma de los vecindarios no parecen europeas. Casas abandonadas junto a los rieles… ya eso supongo que es universal, ni los suizos se salvan del detritus.

Me intriga que no he visto ni una sola bandera hasta ahora. El cuadrado está en todo: las cabezas, los horarios, la niebla… hasta los grafitis, pero no sus colores. Salvo el blanco de este invierno que parece que no ofrecerá ninguna tregua. Blanco como el lago que ha aparecido, justo llegando a Nyon. No sé si es hielo o el efecto de la neblina, pero ese es el color que menos me esperaba en el agua.

Las chimeneas humeantes -blanco que se mezcla con el blanco masivo del fondo- son una visión preciosa. Contrasta con unos tristes parrales que, como un amor humillado, se empeñan en crecer aun sabiendo que no darán ningún fruto.

El sol, breve y cuadrado, ha aparecido por primera vez. Lo veré poco. Aquí gobierna el verde de los amplios campos que todavía no están cubiertos por las nubes seniles de diciembre. Nos acercamos a Morges. Las montañas, al parecer, no son más que un mito.

La mujer que se sienta al otro lado del pasillo ha estado comiendo una manzana -cuadrada, con el primer dejo de rojo que veo- durante todo el recorrido, que ya está alcanzando una hora. La observa. La mastica. La disfruta. El sonido de los mordiscos es música en este silencio; solo hablan algunos turistas desubicados.

Se está urbanizando el paisaje. Creo que he llegado a Lausana.

Lausana, 25 Dic. 2016

La cena estuvo increíble en manos de la gran Tafy. Cerdo en salsa de mango con ensalada Waldorf y rósti suizo, más la cantidad absurda de vinos, chocolates y embutidos que, entre Adriana y yo, hemos traído como ofrendas. Y que, como ofrendas, hemos colocado en un altar en el cuarto, que poco a poco se ha ido agotando. Mañana comeremos la tortilla, la sangría y el Apfelwein que quedan.

Lo que he visto principalmente entre ayer y hoy ha sido el lago. El Lac Léman, que separa a Suiza de Francia. Con su olor levemente asilatrado y su inmensidad, me quiere hacer creer que es mar. Patos, gansos e incluso gaviotas le dan vida a tan quieto océano, y su agua es dulce y clara, pero fría y profunda.


No obstante, hoy, ya que Tafy no ha tenido que trabajar, hemos aprovechado para visitar todo lo que está al norte de la Gare. Y por todo me refiero a la catedral. Una modesta iglesia del siglo XIII que se convirtió en protestante, y, por lo tanto, fue vaciado del gran arte gótico que en algún momento debió contener. Para sorpresa de todos, estaba llena.

Logramos entrar y encontrar sillas suficientes para escuchar la gran sorpresa: el órgano monumental, acariciado por un suizo alto y delgado, con voz suave y solemne, y ayudado por una chica de pelo castaño que no se sentó durante todo el recital, todo para cumplir con su función de pasar las páginas de la partitura; trabajo que no le fue agradecido al momento de los aplausos. Fue enormemente valioso escuchar el sonido amarillento del órgano rebotando con carácter en cada capitel. Le hace honor a Bach con un sonido tiránico que endereza las columnas y adormece las cabezas.


Casi tan valioso que tal vez podría hacer que valiese la pena pagar el transporte público en este país. Estoy traumatizado por el precio de las cosas. Anoche, luego de cenar, fuimos a un bar llamado Jagger’s, en donde –bien sûr– empezamos con shots de Jäger, que yo luego seguí con mi querido Jägerbomb. Hacia el final de la noche -cuando salvamos a Adriana de un sospechoso João- compré cervezas y sidra para los tres, y terminé gastando 30 francos. Trato de no preocuparme. Esta noche duermo con Bach; sin quererlo, se convirtió en el soundtrack del viaje.

Ginebra, 27 Dic. 2016

Lo primero que hago al llegar a Ginebra: comprar una postal y enviarla a la Rue Gaston Tessier en París.

Ginebra no tiene el encanto hogareño de Lausana, pero es una linda ciudad. El lago es más estrecho aquí y, por lo tanto, más tranquilo y concentrado. Los gansos son más amigables. La gente es más variada. Hay más blacks, esa raza de la que, con tanta calma, Sandry nos dijo que nos cuidásemos cerrando bien las puertas y ventanas. Sandry es el casero. Tiene una oficina desbaratada y nos da consejos como esos.

El almuerzo 14 francos. Me quiero matar lanzándome en el jet d’eau para volar por los aires en mil pedazos. Por lo menos no pagamos el tren.


Fui solo con Tafy a las Naciones Unidas. Bella, pero cerrada. Una sede, por supuesto, más modesta que la de Nueva York, pero no dudo que más lujosa. Estoy en lo que vendría a ser una de las capitales diplomáticas del mundo, infinidad de tratados se han firmado aquí. Debe estar muy bien acomodada para estos eventos.


El atardecer no es tan encantador como el que vimos ayer en el parque del Hermitage en Lausana. La noche en Ginebra cae más violentamente.

Varias cosas sucedieron en las últimas horas del día. Saliendo de Les Brassiers, una cervecería cerca de la Gare de Ginebra, decidí comprar cigarros en una máquina. Le alimenté un billete de veinte francos y se devoró ocho con setenta, pero se negó tercamente a darme el vuelto. La muy indigna. Tuve que comprar otra caja, y me sentí violado por la empresa privada suiza. Al salir de Les Brassiers, me cuentan que se murió Carrie Fisher. Infame 2016, el año iconoclasta.

Finalmente, ya en Lausana, fuimos al Bleu Lèzard. El concepto de la noche: notas. Uno escribe una nota y le dice a la camarera que se la entregue a alguien. Fue muy divertido, excepto que fallé con mis dos objetivos. El primero era un tipo espectacular, medio calvo, que se sentó frente a nosotros. Le llovían las notas. Para descubrir sus preferencias, Tafy le mandó una, pero la correspondencia cesó muy pronto. Nunca le escribí.

El segundo fue un desastre. En varios paseos a fumar, detecté que alguien me veía desde la barra: el chico con camisa verde. Eventualmente me atreví a enviar la nota y le dije a la camarera:

-Junto al chico del suéter blanco hay otro con camisa verde y barba, en la barra; es ese.

El chico con camisa verde. La camarera pelirroja regresa preguntando si era gris o verde la camisa. Yo repito: el chico con camisa verde. Se la ha entregado a un butch con boina… y suéter verde. Un desastre. Tanto más cuanto he sido identificado de inmediato: soy el único suéter marrón claro del bar, y me he descrito en la nota.

La princesa Leia muerta, la máquina de tabaco me estafó, y la pelirroja -que al final tuvo razón: era, más bien, el chico de la camisa gris- me jodió. Llego y hago la maleta. A pesar de todo esto, ha sido un buen viaje. Y ahora a ver qué hago con mi Año Viejo.

Lausana, 28 Dic. 2016

Un autobús de Montchoisi a Délices y un metro de Délices a Laussane Gare -que no pagué-; un tren a Genève Aeroport -que pagué para nada, porque no pasaron los controladores-; en un par de horas un avión a El Prat, y un viaje en metro a Torrassa, Universitat y, finalmente, Tetuan, me esperan.

En el tren duermo un poco, ya que la deshora del amanecer no me permite disfrutar de ningún paisaje. Tan temprano es que apenas me pude despedir de Adriana y Stephanie, a quienes voy a extrañar un montón, como las había estado extrañando antes de venir. Compartir el continente me hace sentir más cerca de ella que cuando compartíamos la misma ciudad. Es un curioso efecto de la emigración.

La cola de seguridad del aeropuerto: larga. El menudo jugo de fresa-naranja-cambur: caro. El vuelo: lleno. Mas el aterrizaje: luminoso. Es primera vez que me invade la sincera emoción del retorno. Al desembarcar y caminar por los pasillos del aeropuerto, me siento por primera vez en casa. Cuando digo por primera vez, es eso. Por primera vez me siento parte de un sitio, tanto que puedo identificar con facilidad a quienes vienen solo de visita. Me doy cuenta de que caminar por ese pasillo, para ellos significa algo muy distinto a lo que yo estoy sintiendo, y de que nunca antes lo había sentido, ni siquiera en Caracas. Tengo ya la condescendencia del nativo. La palabra hogar es una copa que por fin se llena de vino. Pertenezco.


Visita es salir de la Gare de Lausana, sin rumbo y sin wifi, y encontrarme por pura casualidad con Adriana en alguna calle, como me pasó cuando llegué. Casa es coger los metros con estoicismo, abrir la puerta, y lanzar los dos francos que sobraron sobre la mesa, para quién sabe cuándo usarlos de nuevo. Colgar la bufanda que me regaló Adriana, y el suéter con el que Tafy hizo lo propio -el que me descubrió ante el hombre de la boina anoche-, diciendo «esto es mío». Y en la universidad tratan de enseñarme que la propiedad no es un derecho fundamental.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s