Iteraciones del prisionero en el caso Nóos

La esperada sentencia sobre el caso Nóos fue publicada el pasado 17 de febrero, causando todo tipo de reacciones. No es mi lugar opinar sobre las condenas o los sujetos involucrados. En primer lugar, por no haber leído las  más de 700 páginas que la conforman; ni tener la remota intención de hacerlo. En segundo lugar, porque no he seguido la cronología del caso ni conozco los pormenores. Casi todos los nombres de los acusados me son desconocidos. Además, poco sé de Derecho financiero o de corrupción como para entender siquiera cuáles eran los delitos.

Pero hubo un titular que me despertó la curiosidad. El Español publicó un artículo bajo el nombre de Por qué la sentencia Nóos demuestra que no hay nada peor que cooperar con la justicia. Si bien el artículo se enfoca en sintetizar los resultados de la sentencia con respecto a cada implicado, los primeros párrafos apenas rozan algo mucho más interesante. «No hay nada peor que cooperar con la justicia». ¿Nos mintieron las series de televisión? 

En el artículo se decía que, de los 17 acusados (si no conté mal), siete fueron condenados y diez absueltos. Apartando al marido de la Infanta y a su socio, los otros cinco fueron funcionarios de mayor o menor jerarquía. Pero lo relevante es que esos cinco tienen en común haber reconocido los hechos y haber colaborado con la investigación. Incluso más relevante es que los otros diez, los que quedan en libertad, tienen en común haber hecho todo lo contrario.

Aficionado (verdaderamente amateur) como soy del análisis económico del Derecho, el titular me pareció de lo más sugestivo. De inmediato pensé en el famoso dilema del prisionero, y en cómo podría aplicarse al caso Nóos. Brevemente: atraparon a dos ladrones pero sin pruebas suficientes, la fiscalía necesita la confesión de uno (por lo menos) para poder obtener una condena. Separados en celdas incomunicadas, el fiscal les ofrece un trato idéntico a cada uno: si uno (A1) confiesa y el otro (A2) no, el primero saldrá libre y el segundo obtendrá todo el peso de la pena. Si ambos confiesan, obtendrán la mitad de la pena. Si ambos lo niegan, estarán detenidos durante un tiempo corto por faltas menores.

Lo eficiente sería confesar. Solo si el prisionero confiesa puede tener acceso al mejor resultado. Es la estrategia egoísta. El problema es que, si el otro piensa de la misma manera, el resultado distaría mucho de ser óptimo. Por ello, la estrategia menos costosa socialmente es la de callar. En otras palabras, decir la verdad es teóricamente bueno pero arriesgado, pero no decir la verdad es más seguro, si bien moderadamente malo. Por eso se dice que la mejor solución es que ambos cooperen: que se encubran entre ellos.

Los cinco funcionarios que reconocieron ser parte de la trama fueron condenados. Los diez que lo negaron salieron libres. El dilema se planteó sin duda entre ellos, con la diferencia crucial de la comunicación. El acceso a la información favorece el resultado cooperativo, ya que un acuerdo beneficioso para cada una de las partes solo puede lograrse si todas las partes están de acuerdo en encubrirse entre ellas.

Es decir, los cinco funcionarios no solo jugaron mal, sino que participaron en el juego equivocado. La comunicación altera totalmente el dilema del prisionero.

 

A2

A1

  Confiesa Calla
Confiesa Pagan ambos + Paga A2
Calla Paga A1 Pagan ambos

Más aún, el sistema de justicia está construido con la posibilidad de comunicación. Cuando las condiciones están así dadas para que ambos puedan influir en la causa y extensión del daño, debe aplicarse la regla del concurso: la estrategia cooperativa. El resultado inmediato es que hay incentivos para que ambos tomen precaución eficiente. Esto es, sacrificarán parte de su bienestar para obtener un resultado óptimo. De no hacerlo así, la consecuencia podría ser más dañina. La condena de la Infanta ilustra esto: defendió a capa y espada su propia inocencia y la de su marido, y, aunque salió libre, debe pagar una multa considerable.

Hay otra cosa distinta, entonces. ¿Por qué el Urdangarin no corrió la misma suerte? Si ambos jugaron cooperativamente, ¿por qué no obtuvo el resultado óptimo? Porque en Nóos hay como mínimo 17 jugadores. Es más, en el juego de Nóos hay varios juegos: Urdangarin jugaba contra su socio y contra la fiscalía (J1), mientras que todos los otros 15 jugaban entre ellos (J2) y contra el expresidente de Baleares (J3).

urdangarin

El dilema en el cual participó la Infanta (J2) vio la teoría traducida limpiamente en la práctica: los cinco que siguieron la estrategia egoísta salieron perjudicados porque los otros diez jugaron cooperativamente. El expresidente balear jugaba en un tercer juego contra los funcionarios implicados de su gobierno: en ese caso (J3), la estrategia cooperativa de todos logró que aquel fuese también condenado. Esto explica por qué perdieron en J2: les importaba más ganar en J3.

En este extremo iterado del dilema del prisionero, no solo participan los jugadores, sino que los tres juegos interactuaron entre sí. Teniendo en mente que la premisa del dilema es la existencia de pruebas físicas insuficientes, los testimonios son fundamentales. Así, el resultado condenatorio de J1, a pesar de que ambos siguieron -presumiblemente- la estrategia cooperativa, solo se explica con los resultados de Jy J3. Bastaba con que, en alguno de ellos, alguien siguiera la estrategia egoísta para que la fiscalía ganase en J1. Y así sucedió.

Nada de esto habría sido posible si los testimonios no hubiesen sido tan determinantes. Eso me da un olor tenue a que las pruebas físicas en el caso Nóos no eran suficientes. Seguramente me equivoco. Si leyese la sentencia igual diría algo distinto. Quizás este desarrollo fue solo un divertido ejercicio económico, tal vez lleno de errores también. Haría falta retomarlo agregando el resto de los hechos, para complicar aún más el juego.

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